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Mi experiencia en la 3ra Convención Internacional de Hongos Comestibles y Medicinales

  • Foto del escritor: Carla Gallego
    Carla Gallego
  • 4 sept 2025
  • 3 min de lectura

Los días 24, 25 y 26 de julio de 2025 sucedió la 3ra Convención Internacional de Hongos Comestibles y Medicinales, en la Facultad de Ciencias Exactas de Buenos Aires. Cuando me enteré de este encuentro estaba fuera del país, y ya sabía que al volver era un obligado ir. ¡Sabía que no podía perdérmelo! De hecho, traté de convencer a todo el mundo para que viniera. Una de las pocas personas que me escuchó y me acompañó fue Marian, un amigo muy querido, y terminamos yendo juntos el segundo día, ya que el mayor interés de las temáticas de las exposiciones estaba concentrado el viernes.

Las charlas fueron profundamente inspiradoras. Me impresionó la claridad con la que se expuso el rol de los hongos en la medicina del futuro, destacando sus propiedades como adaptógenos, anticancerígenos y neuroprotectores.

Algunas de las frases que se compartieron en las exposiciones me gustaría compartirles:

  • Los adaptógenos pueden equilibrar el organismo y mejorar la plasticidad sináptica, lo que es beneficioso para la salud cognitiva.

  • Regulan el cortisol y otros neurotransmisores, mejorando la resiliencia frente al estrés.

  • Mejoran la digestión y la absorción de nutrientes, y trabajan en la inmunidad.

  • Recordemos que nosotros, para estar bien, tenemos que hacer un balance de neurotransmisores. Tenemos que tener serotonina, dopamina, adrenalina y noradrenalina (…) lo que hace el adaptógeno es colocar todas las piezas en el mismo nivel. Eso se llama neuromodulación.

  • Quiero señalar que son inocuos, por lo tanto son aptos tanto para el consumo animal como humano.

También se expuso sobre la investigación actual con hongos con psilocibina, aplicados en contextos terapéuticos para personas con autismo, depresión, alcoholismo y obesidad. Fue impactante escuchar cómo algo que por mucho tiempo estuvo estigmatizado hoy empieza a abrirse paso en la ciencia como herramienta de sanación y acompañamiento.

Entre los ejemplos más mencionados de hongos comestibles y medicinales disponibles hoy en Argentina estuvieron: melena de león, reishi, cordyceps, gírgolas, y también, por supuesto, los hongos con psilocibina de efectos visionarios.

Otro aspecto que me conmovió fue ver la conexión entre los distintos actores del mundo fúngico: investigadores, productores locales, fitoterapeutas y consumidores curiosos como yo. Esa red viva de intercambio de conocimientos y experiencias me recordó lo esencial que es el tejido comunitario para sostener proyectos de salud y bienestar.

La feria de productores fue un capítulo aparte: extractos, polvos, hongos frescos, libros, remeras y hasta stickers con diseños miceliales. Fue un espacio vibrante, donde la ciencia se entrelazaba con la cultura y la creatividad.

Además, tuvimos una experiencia práctica muy especial: colocar semilla micelada en un tronco y llevárnoslo como souvenir. Una invitación a cuidar y observar de cerca el milagro del crecimiento micelial en casa. Como si eso fuera poco, ¡me gané unas tinturas madre y una gorrita en un concurso online!

Con Marian vivimos momentos muy lindos. Él se encuentra en silla de ruedas debido a una condición llamada Ataxia, no tan conocida todavía. Me pareció muy especial compartir la jornada con él, sobre todo porque juntos presenciamos la investigación sobre el caso de estudio de esclerosis múltiple y el hongo melena de león. La verdad es que, si bien estar con alguien en silla en Buenos Aires siempre es una aventura (no siempre tan divertida en términos de accesibilidad), las personas de la organización se portaron súper bien con nosotros y ¡ni nos cobraron la entrada!

Las exposiciones eran muy científicas, con un nivel de especificidad y complejidad que no siempre resultaba accesible al público general. Aun así, fue divertido estar ahí, con el mate en una mano y el grabador traductor de sonido a texto en la otra, capturando lo más posible de esa lluvia de información.

Volver a conectar con personas que se están desarrollando en la industria de los hongos en Argentina me hace tener esperanzas sobre la micorremediación de nuestros cuerpos y ecosistemas. Pienso que, desde este presente tan comprometido, en un futuro muy cercano las propiedades de los hongos medicinales estarán en boca de todos, ayudándonos a combatir los alimentos ultraprocesados tan presentes en la dieta argentina, que generan inflamación sistémica y malestar crónico.

Me hace muy feliz ser testigo de este cambio. Y ojalá vos, que estás leyendo estas palabras, también puedas sentir esa luz al final del túnel de la inconsciencia.



 
 
 

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